sábado, 21 de abril de 2012

Arte psicótico en el arte moderno

De entre todas las influencias buscadas por los artistas modernos en las distintas corrientes que se desarrollaron en las primeras décadas del siglo XX la fascinación por el impulso de creación primitivista se sitúa como una de las más importantes. 
Los Simbolistas así como los grupos alemanes Die Brücke (El Puente) y Der Blaue Reiter (El jinete azul) fueron los precursores del impulso infantil y popular en sus obras, asimismo, inspirados en el arte oceánico y africano. En esta línea, artistas como Paul Klee,  Vassily Kandinsky o Gabriele Münter se dieron a la búsqueda de las esencias fundamentales que impulsaron la creatividad genuina, más allá de las conceptualizaciones del mundo occidental. Más allá, pues, del interés científico por las vidas tribales lo que en realidad buscaban era el deseo de reapropiarse del mundo, de colonizarlo de nuevo, de controlarlo a través de la práctica consciente del arte; de construir imágenes de "los otros" con un lenguaje claramente desmarcado de las normas académicas.
La Exposición Universal de París donde reconstruyeron temáticamente los pueblos indígenas así como también la Exposición de Arte Negro de 1914, la Exposición de Artes Oceánicas en 1919 o el descubrimiento de las cuevas de Altamira en 1879 dieron fuerza a las teorías artísticas que se sustentaban en el primitivismo para concebir una nueva teoría estética moderna. En este sentido, la obra artística realizada por la población campesina y analfabeta, infantil o con alguna enfermedad mental fue considerada como "primitiva". Paul Klee fue de los primeros artistas en sentirse atraído por las creaciones de pacientes psiquiátricos antes de la Primera Guerra Mundial, para él la visión espiritual que representaban iba más allá de cualquier esfuerzo consciente de un artista moderno, encontrando muchas similitudes entre sus obras y las que formaban parte de las primeras colecciones de psiquiatras a principios de siglo, precursores -en cierto modo- del arte abstracto.

miércoles, 18 de abril de 2012

Para reflexionar

Cuenta tus bendiciones, no tus maldiciones. De verdad, no hay manera más fácil para una vida rica, próspera, satisfactoria, considerando que comiences a vivir con gracia: responder el llamado del deber es más que vivir. El llamado del deber es el resultado más honorable. Responder al llamado del deber es la gracia y la gracia es lo que te trae prosperidad, comprensión, valor y virtud. No hay secretos en ello. Hay muchas opiniones al respecto, pero depende qué tan sinceramente lo comprendas”.

Yogi Bhajan



domingo, 15 de abril de 2012

Coloreando mandalas

Mandala significa etimológicamente "círculo", proviene del sánscrito y conforma figuras complicadas mas no superpuestas que devienen en diseños canalizadores de una consciencia profunda, siendo usadas en las culturas hindú y budista como una representación gráfica de alguna de sus deidades.
Pero más allá de entender un mandala como una simple forma o representación de estructura circular, se debe entender como la representación misma de un hombre o una mujer en el mundo, es un centro energético de equilibrio y purificación que ayuda a transformar el entorno y la mente.
Los mandalas han sido utilizados en la India desde tiempos precristianos y fue el psicólogo suizo Carl G. Jung quien los introdujo en el mundo occidental a través de la terapia donde esperaba encontrar la individualidad propia de cada ser humano. El propio Jung los usaba cotidianamente para dar una representación a sus sueños y encontró, con el tiempo, que había una idea subyacente que lo conectaba con su propio centro. Para éste, el mandala representa la totalidad de la mente de la persona que los ejecuta, que los ilumina y su arquetipo es, pues, una gráfica que se sustrae del subconsciente colectivo.
Los mandalas pueden ser ejecutados por cualquier persona, sin importar su edad, condición o raza. Puede elegir libremente entre una amplísima variedad gráfica e iluminarlos con los colores que considere necesario siempre intentando armonizar el espacio y el ambiente con el momento; el uso de la música de relajación, inciensos o cualquier otro estímulo que ayude a la persona a conectar con su yo más profundo será de gran relevancia.
De forma personal, siento una gran afinidad con el trabajo que está llevando a cabo el artista y músico belga Steven Vrancken quien, desde su página comparte algunos diseños totalmente gratis e incita a tomar parte de esta terapia personal.
Les dejo un mandala que podría ser una magnífica opción para esta tarde de domingo.
¡Feliz inicio de semana!


viernes, 13 de abril de 2012

Pablo, el artista

Mi hija adora leer, creo que es una de las cosas que más le gusta hacer. Cuando un libro le gusta pide, sin descanso, que se lo lea una y otra vez, hasta que se lo aprende, hasta que lo interioriza, hasta que imagina los personajes... Juntas descubrimos a Pablo, el artista, un cuento maravilloso que de inmediato pensé podría usarse como inducción en una sesión de arteterapia con niños:

Los miembros del Club de Arte de la calle Pezuña estaban muy emocionados. Se había organziado una exposición para presentar su obra y todos, excepto Pablo, se dedicaban afanosamente a pintar. Él siempre había soñado con exponer una de sus pinturas en público, pero ahora estaba agobiado, de brazos cruzados frente a un lienzo en blanco.
Había pintado un jarrón de flores, el retrato de un amigo y hasta un cuadro abstracto, pero nada lucía bien.
- Creo que estoy bloqueado: no puedo pintar -suspiró Pablo angustiado.
-¡Por qué no sales a dar un paseo y tratas de dibujar un paisaje para inspirarte? -le sugirió la señorita Hipo a la hora del té.
-¡Buena idea! -dijo Leonardo el León-. Para mí, después de un autorretrato, un hermoso paisaje puede ser el mejor cuadro.
Leonardo era muy bueno para el autorretrato.
-Creo que tienes razón -dijo Pablo-. Lo intentaré.
Así, a la mañana siguiente, Pablo despertó temprano y se fue al campo.
Después de caminar un rato, encontró una vista preciosa: un alto roble con una arboleda al fondo.
"Éste será un bello paisaje", se dijo. Acto seguido, extendió su caballete y acomodó un lienzo.
Pablo trabajó toda la mañana.
Al atardecer ya había pintado el roble y una parte de aquel fondo verde.
-Me parece que se ve bien -titubeó Pablo-. Al menos es un comienzo. Lo haré mejor después de comer.
Pablo había llevado consigo una gran provisión de comida.
-Un elefante no sólo vive del arte -suspiró aliviado.
Así que devoró sus emparedados y, después de comer, se apoderó de él una gran somnolencia, por lo que se recostó en el pasto un momento.
De inmediato se quedó dormido.
Una oveja paseaba por el campo y, al ver el lienzo sobre el caballete en medio de aquel lugar, exclamó: -¿Un cuadro? ¡Qué interesante!.
Pero, mientras lo admiraba, sintió que algo le faltaba.
-Ya sé: ¡es el pasto! Le falta sabor -dijo.
Tomó un pincel y pintó el pasto de un delicioso color verde brillante.
Una ardilla se escabullía por ahí.
Al ver el cuadro, se detuvo.
-¡Una pintura! -gritó, y la miró con curiosidad.
De inmediato se dio cuenta de que algo le hacía falta.
-¡No tiene nueces! ¡No tiene nueces! ¡No veo ninguna! -dijo sorprendida. Entonces, tomó el pincel y le dibujó nueces al árbol.
Un pájaro se acercó volando y revisó el cuadro.
-Si piden mi opinión, no funciona. Ningún pájaro extendería sus alas en un cielo tan desolado como ése. Con su pico tomó el pincel y le dio al cielo un resplandeciente tono azul.
Despúés llegó un jabalí. Le echó un vistazo al lienzo y se paró de pezuñas.
-¡No! ¿Dónde está la arboleda en que vivo? ¿Cómo es posible que el artista la haya olvidado?
Y dio unas pinceladas verde oscuro al horizonte.
Un enjambre de abejas se acercó zumbando.
-¡Bzzz! ¡Bzzz, bzzz! ¡Bzzz! ¿Sin flores? ¡Le falta vida!.
Entre todas tomaron un pincel y cubrieron de flores el campo.
Ahora el cuadro lucía mucho mejor. Y mientras los animales, el pájaro y las abejas admiraban el resultado, un lobo pasó vagando plácidamente por ahí. Observó el lienzo con cautela y no dijo nada.
-Mmm -expresó por fin-. Está muy bien muchachos, pero podría quedar mejor. Colóquense todos frente al roble y no se muevan. No tardaré mucho.
Tomó un pincel y comenzó a pintar.
Una vez que el cuadro estuvo terminado, todos los animales se reunieron para admirarlo. Quedaron sorprendidos del resultado y, uno a uno, lo elogiaron.
-¡Es maravilloso!.
-Espléndido.
-Estoy asombrado.
-Es usted admirable, señor Lobo.
-¡Bzzz, bzzz! ¡Es un genio!.
Después, cada uno se fue a su casa.
Pablo despertó y bostezó.
-¡Qué sueño tan extraño! Y, ¡qué cuadro tan hermoso! ¡Ahora sé exactamente qué hacer!.
Regresó de inmediato adonde estaba su lienzo y comenzó a pintar.
Cuando por fin hubo terminado, Pablo guardó sus cosas y se fue a su casa.
En la inauguración de la muestra de pintura, el cuadro de Pablo fue la sensación y él se convirtió en la estrella del pueblo.
-¡Es maravilloso! ¡Espléndido! Estoy impresionado.
-Pablo: eres brillante.
-¡Eres un genio!.
Para Pablo éste era un sueño hecho realidad.

Sathosi Kitamura, Pablo, el artista, México, Fondo de Cultura Económica, 2009.


jueves, 12 de abril de 2012

Proyecciones personales en la Fototerapia

Y como no pretendo hacer de este blog algo impersonal quiero compartirles uno de mis primeros contactos con la expresión artística per se como autoterapia.
Hace aproximadamente tres años decidí irme a Roma, eran finales de año y partí dejando atrás muchas cosas y esperando ver renovadas tantas otras, el viaje había sido como una proyección personal de un proceso catártico. Como historiadora de arte la fascinación y el estímulo que podía provocarme vivir en una ciudad como Roma superaba cualquiera de mis expectativas y, aunque los primeros días, fueron algo caóticos, comencé a adaptarme. La lengua ya la conocía, en un par de semanas hablaba un italiano tan perfecto que ante muchas personas pasé como nacional casi sin darse cuenta que no era romana, la cultura, tan parecida a la española me hacía sentir agradablemente en casa y la compañía que encontré era maravillosa, buenas personas que con el tiempo se convirtieron en amigos entrañables.
Mi ansia de descubrimiento duró más bien poco ya que, yendo desde una megalópolis como lo es la Ciudad de México, Roma me resultó sorpresivamente pequeña y en una semana ya había disfrutado por mucho de todos o la mayoría de sus placeres. Comencé entonces una espiral de descubrimiento en mi interior, la nostalgia llegó cuanto más se acercaban las fechas navideñas y pegó fuerte el mero día. El sentimiento de soledad tan profundo que experimenté sólo se vió paliado con un trabajo que comencé a hacer de modo paralelo y casi insconsciente: la fotografía. Como cualquier otro extranjero que llega a una ciudad por descubrir hay un deseo, un ansia de capturar aquellas imágenes que nos fascinan, nos alimentan, estimulan nuestra capacidad visual, nos muestran nuevas percepciones del mundo y nuevos encuadres que quizás no hubiéramos imaginado antes.
Caminé sola la ciudad casi del diario, reconocía cada callejón, cada detalle de su arquitectura..., adoraba realmente sentarme frente al foro y pararme delante de la escultura de Julio César o Marco Antonio e imaginarlos pasar el Rubicón en sus caballos, cantar en mi mente una y otra vez las antiguas melodías del sur y sentarme los viernes por la tarde en un Café de Trastevere a leer, en latín, los poemas de Catulo. Adoraba tomar el trenino que me llevaba al trabajo cada día, el trayecto era más largo pero yo lo hacía igual porque precisamente ése, que llevaba a Cesano tenía una parte del trayecto que hacía por la superficie y yo podía ver el final del Lungo Trastevere y la capilla espléndida de San Pietro en el Vaticano. Eran veinte minutos más que sólo por aquellos segundos, merecían sobradamente la pena. Y todos esos detalles, tan pequeños y tan grandes al mismo tiempo, que reconstruyen una experiencia maravillosa.
Cuando mi tiempo en Roma finalizó y con toda la tristeza tuve que regresar a la Ciudad de México me pude dar cuenta realmente que mi estancia allá fue un proceso catártico, un viaje a mi interior y de todo ese proceso había quedado una huella impresa: mis fotografías, que sirvieron en todo momento como un canal de entendimiento, como un símbolo concreto de mí misma, como objetos metafóricos transicionales que, desde su inmovilidad, me ofrecían una forma de mirar hacia mi propio interior de una manera en que los métodos verbales no podían totalmente representar o deconstruir. De más de cuatrocientas fotografías pude formar con sesenta una historia de lo que había sido mi viaje interior y con ellas hice una exposición que duró casi un mes, creo que la más significativa que hice nunca.


El caso de Elena

Elena era una adolescente de 16 años, alumna del primer nivel de Preparatoria en una institución pública mexicana.
Era hija de padres divorciados, vivía con su madre, su hermano y sus abuelos. Había sido víctima de violencia doméstica y, aunque dormía de forma regular, no lo hacía por más de siete horas. Mantenía la concentración y era una alumna de buenas calificaciones, se evidenciaba un aumento en la cantidad de comida que comía durante el día y la rapidez con la que se efectuaban las mismas, de forma ansiosa. Poseía un carácter tranquilo pero se volvía agresiva cuando sentía invadido su espacio vital. Tenía pocos amigos, en su comunicación no verbal denotaba poca expresividad corporal y casi no establecía relación con los alumnos varones.
Era una persona tímida, de aspecto frágil y temeroso con una dificultad evidente para comunicarse con los pares.
El taller de arteterapia duró con ella todo el ciclo escolar dividido en tres fases de actuación y desarrollo. El objetivo con ella era brindarle un espacio seguro que le permitiera conocer y expresar sus vivencias y emociones a través de la actividad plástica y lúdica para canalizar sentimientos positivos y negativos en un espacio seguro, facilitar y explorar su potencial creativo y fomentar su autoestima y seguridad personal a través de algunas técnicas que adoptó como suyas con el tiempo: collage, touch drawing, garabato o témperas siendo el modelado con figuras tridimensionales la técnica que realmente le permitió expresar toda la problemática que la estaba afectando.
En las primeras sesiones se mostraba completamente cerrada, no se lograba la comunicación verbal con ella y no mostraba interés ni participaba en las distintas actividades de grupo. Fue a través del juego que comenzó, paulatinamente, a colaborar con los demás y se sintió más segura para mostrar sus obras y hablar de los sentimientos que se observan en sus obras. El hecho de sentirse capaz de expresarse y la consecuente aceptación del grupo fue un hecho significativo para ella y hubo un cambio de actitud, cambiando igualmente su apariencia hacia una proyección más segura de sí misma.
El caso de Elena es un buen ejemplo para ver lo rápidos y significativos que pueden resultar los tratamientos de arteterapia en adolescentes, lo enriquecedores y constructivos desde el punto de vista de la expresión más allá de lo verbal que ayuda a tener más conciencia y control de las emociones, la confianza que surge al compartir el proceso con un grupo de iguales.

lunes, 9 de abril de 2012

Los colores en Arteterapia

El uso de los colores así como su ejecución en distintas formas, con diferentes texturas, nos proporcionan una oportunidad de expresión y comunicación no verbal que fomenta nuestra autoconciencia y desarrollo personal. Su uso nos estimula como una alternativa para crear nuevos caminos de comunicaciones, contactar con nuestro yo interno, realzar nuestra autoestima y desarrollar herramientas positivas para resolver problemas.
A través del uso del color y su trazo la mente percibe y transforma esa energía en formas visuales incidiendo directamente en nuestro estado anímico y físico.

Les relaciono, a continuación, una tabla básica de colores con sus correspondientes atributos:
  • Blanco -- Es el color de la pureza, la inocencia, el optimismo. Purifica la mente a los más altos niveles.
  • Lavanda -- Es el color del equilibrio. Ayuda a la curación espiritual.
  • Gris -- Es el color de la estabilidad. Inspira la creatividad y simboliza el éxito.
  • Amarillo --Es el color de la inteligencia, la precaución, las innovaciones. Ayuda a la estimulación mental y aclara las mentes confusas.
  • Naranja -- Es el color de la energía. Tiene un agradable efecto de tibieza y aumenta la inmunidad y la potencia.
  • Rojo -- Es el color de la energía, la vitalidad, el poder, la fuerza, el apasionamiento, el valor y el impulso. Es usado para intensificar el metabolismo del cuerpo con efervescencia y pasión. Ayuda a superar los estados depresivos.
  • Azul -- Es el color de la verdad, la serenidad, la armonía y la lealtad. Tranquiliza la mente y disipa temores.
  • Verde -- Es el color del equilibrio. Es usado para los estados de agotamiento nervioso. Equilibra emociones y revitaliza el espíritu, estimula a sentir compasión.
  • Negro -- Es el color del silencio. Transmite paz.

María Fux. Danzaterapia y Discapacidad

María Fux, nacida en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, en 1922 es bailarina, coreógrafa y una mujer fascinante. Comenzó su trayectoria artística en el año de 1942 colaborando en el Teatro del Pueblo donde no sólo ejercía como bailarina sino que también desarrollaba una labor docente por las provincias aledañas.
Fuertemente influida por las teorías de Isadora Duncan desarrolló un método subyacente a la práctica dancística profesional que, ligado a la psicoterapia, dio como resultado una vertiente de la danzaterapia donde se aboca al trabajo e integración de personas con capacidades diferentes como pacientes con síndrome de Down, no oyentes y personas con cualquier otro tipo de discapacidad física, psíquica o sensorial.
Define así su trabajo: 'No me canso de remarcar que no soy psicóloga, no hago interpretaciones ni doy recetas. Soy una artista que, a través de un trabajo creativo, ha encontrado un método que logra cambios en la gente mediante el movimiento. Lo único que hago es estimular las potencialidades que todos tienen. Yo nunca hablo de curar, sino de cambiar. Y cualquiera que sea el tipo o gravedad de un problema, siempre habrá algo que se puede modificar '.
Ha desarrollado su método por más de una década obteniendo resultados inigualables que la han llevado a transmitir su práctica a Estados Unidos, México, Italia, España, Brasil, Colombia o Cuba; países donde se desarrolla activamente su método y siguen su trayectoria a través de sus distintas publicaciones.

domingo, 8 de abril de 2012

¿Qué nos aporta la Danzaterapia?

La Danzaterapia forma parte del Arteterapia. En esa disciplina se hace un uso psicoterapéutico de los distintos movimientos que de forma natural pertenecen al ser humano para inducirlo en un proceso de integración psico-física.
Todas las personas poseen un ritmo innato puesto que el movimiento forma parte de nuestra vida desde el momento de la concepción como experiencia previa a la comunicación verbal y la memoria corporal. Se pretende, de esta forma, integrar todas esas experiencias estimulando la percepción corporal consciente a través de la danza espontánea, analizando todos aquellos conflictos que poseemos o con los que debimos lidiar en el pasado y que permanecen de modo inter e intrapsíquicos y encontrar una nueva forma de expresión consciente que nos permita manejar y solventar situaciones, crear nuevos canales de comunicación y expresión corporal que nos darán una mayor seguridad y autoestima y fomentará relaciones con terceros más saludables.
Tomar sesiones de danzaterapia implica comenzar un proceso de transformación que va del interior hacia el exterior. El arte a través de la música y el movimiento nos invade y nos invita a hacer el cambio mediante un impulso creador que va más allá de lo racional. A través de la danzaterapia el paciente podrá trasgredir operativamente conceptos que vienen prestablecidos por la misma sociedad, en el movimiento libre podrá encontrar las expresiones de confianza y seguridad real para poder cambiar las respuestas dadas y crear nuevos vínculos de comunicación.Está indicada especialmente en tratamientos para pacientes con algún tipo de discapacidad física o mental, neurosis, trastornos de alimentación (anorexia, bulimia u obesidad), en niños con trastornos por déficit de atención y del comportamiento, no oyentes, niños con problemas de adaptación social y personas que, en general, sin ser necesario el dominio de algún baile en específico, deseen mejorar su calidad de vida a través del conocimiento y la expresión del yo corporal.

Henri Matisse, La danza, 1910.

sábado, 7 de abril de 2012

¿Qué es el Arteterapia?

El Arteterapia es una disciplina que usa las diferentes manifestaciones artísticas como un medio terapéutico que fortalece e incita al desarrollo personal y social, el auto-estudio, el auto-conocimiento a través de la creatividad. Toda la información proveniente del inconsciente como son los pensamientos, los instintos, los sentimientos difícilmente pueden ser transmitidos a través del lenguaje formal, de las palabras; en este sentido, es de vital importancia el trabajo con la arteterapia donde aquellos conflictos o realidades a tratar se pueden proyectar de una forma artística.
El origen de las prácticas arteterapéuticas o de psicoterapia de arte tienen su base en el desarrollo de las teorías junguianas en los albores del siglo XIX y está en estrecha relación con el papel que desempeñó el arte en la época de la posguerra europea. La Psicoterapia corporal y de arte y la Psicoterapia analítica de Carl G. Jung abocada al lenguaje simbólico del inconsciente se vale de la capacidad innata de cada individuo de crear imágenes, símbolos o metáforas integradoras de todo el potencial mental, espiritual, físico y emocional que alberga para desarrollar el ser humano integrado, capaz de descrifrar las claves simbólicas del subconsciente.
En este sentido y desde finales del siglo XIX el arteterapia fue aplicado a pacientes con discapacidad mental siendo de gran importancia los estudios del psiquiatra vienés Hans Prinzhorn quien, convencido del potencial de autosanación de las motivaciones y prácticas creativas, trabajó activamente en la Clínica Psiquiátrica de la Universidad de Heidelberg donde su colaboración fue fundamental para la validación de esta práctica en otros países europeos.
A través de la experiencia, los psicoterapeutas de arte han desarrollado su metodología hacia dos vertientes: la primera con base a la plástica como herramienta fundamental dentro del tratamiento a pacientes y, la segunda, enfocada hacia lo artístico en general en complementación a las sesiones de terapia en despacho. En cualquiera de los casos, los beneficios obtenidos han sido más que óptimos: la manifestación, aceptación y desarrollo de pensamientos y sentimientos, resolución de conflictos, auto-sanación emocional, caminos de crecimiento, etc.; pudiendo ser aplicada como rehabilitación y tratamiento en la intervención psicológica en el desarrollo y la educación, enfermedades prolongadas o terminales, víctimas de violencia física, psíquica y/o sexual, refugiados, reclusos y personas con problemas de adaptación social, alteraciones psíquicas tales como psicopatologías, síndrome de Down, autismo, Alhzeimer, trastornos de alimentación, imagen corporal. Asimismo, es favorable el tratamiento para tratar adicciones, estados de ansiedad o depresivos e, incluso, para aquellas personas que quieran profundizar en el conocimiento de sí mismos y deseen mejorar su calidad de vida. Debemos mirar pues a nuestro interior, tratar de conciliar esa brecha que culturalmente se ha impuesto entre nuestro cuerpo y nuestra mente y reconociliarnos con nosotros mismos, entrar en contacto con nuestras emociones y transmitirlas a través de cualquier conducto de arte que nos guíe hacia un estado de bienestar.