jueves, 12 de abril de 2012

El caso de Elena

Elena era una adolescente de 16 años, alumna del primer nivel de Preparatoria en una institución pública mexicana.
Era hija de padres divorciados, vivía con su madre, su hermano y sus abuelos. Había sido víctima de violencia doméstica y, aunque dormía de forma regular, no lo hacía por más de siete horas. Mantenía la concentración y era una alumna de buenas calificaciones, se evidenciaba un aumento en la cantidad de comida que comía durante el día y la rapidez con la que se efectuaban las mismas, de forma ansiosa. Poseía un carácter tranquilo pero se volvía agresiva cuando sentía invadido su espacio vital. Tenía pocos amigos, en su comunicación no verbal denotaba poca expresividad corporal y casi no establecía relación con los alumnos varones.
Era una persona tímida, de aspecto frágil y temeroso con una dificultad evidente para comunicarse con los pares.
El taller de arteterapia duró con ella todo el ciclo escolar dividido en tres fases de actuación y desarrollo. El objetivo con ella era brindarle un espacio seguro que le permitiera conocer y expresar sus vivencias y emociones a través de la actividad plástica y lúdica para canalizar sentimientos positivos y negativos en un espacio seguro, facilitar y explorar su potencial creativo y fomentar su autoestima y seguridad personal a través de algunas técnicas que adoptó como suyas con el tiempo: collage, touch drawing, garabato o témperas siendo el modelado con figuras tridimensionales la técnica que realmente le permitió expresar toda la problemática que la estaba afectando.
En las primeras sesiones se mostraba completamente cerrada, no se lograba la comunicación verbal con ella y no mostraba interés ni participaba en las distintas actividades de grupo. Fue a través del juego que comenzó, paulatinamente, a colaborar con los demás y se sintió más segura para mostrar sus obras y hablar de los sentimientos que se observan en sus obras. El hecho de sentirse capaz de expresarse y la consecuente aceptación del grupo fue un hecho significativo para ella y hubo un cambio de actitud, cambiando igualmente su apariencia hacia una proyección más segura de sí misma.
El caso de Elena es un buen ejemplo para ver lo rápidos y significativos que pueden resultar los tratamientos de arteterapia en adolescentes, lo enriquecedores y constructivos desde el punto de vista de la expresión más allá de lo verbal que ayuda a tener más conciencia y control de las emociones, la confianza que surge al compartir el proceso con un grupo de iguales.