viernes, 13 de abril de 2012

Pablo, el artista

Mi hija adora leer, creo que es una de las cosas que más le gusta hacer. Cuando un libro le gusta pide, sin descanso, que se lo lea una y otra vez, hasta que se lo aprende, hasta que lo interioriza, hasta que imagina los personajes... Juntas descubrimos a Pablo, el artista, un cuento maravilloso que de inmediato pensé podría usarse como inducción en una sesión de arteterapia con niños:

Los miembros del Club de Arte de la calle Pezuña estaban muy emocionados. Se había organziado una exposición para presentar su obra y todos, excepto Pablo, se dedicaban afanosamente a pintar. Él siempre había soñado con exponer una de sus pinturas en público, pero ahora estaba agobiado, de brazos cruzados frente a un lienzo en blanco.
Había pintado un jarrón de flores, el retrato de un amigo y hasta un cuadro abstracto, pero nada lucía bien.
- Creo que estoy bloqueado: no puedo pintar -suspiró Pablo angustiado.
-¡Por qué no sales a dar un paseo y tratas de dibujar un paisaje para inspirarte? -le sugirió la señorita Hipo a la hora del té.
-¡Buena idea! -dijo Leonardo el León-. Para mí, después de un autorretrato, un hermoso paisaje puede ser el mejor cuadro.
Leonardo era muy bueno para el autorretrato.
-Creo que tienes razón -dijo Pablo-. Lo intentaré.
Así, a la mañana siguiente, Pablo despertó temprano y se fue al campo.
Después de caminar un rato, encontró una vista preciosa: un alto roble con una arboleda al fondo.
"Éste será un bello paisaje", se dijo. Acto seguido, extendió su caballete y acomodó un lienzo.
Pablo trabajó toda la mañana.
Al atardecer ya había pintado el roble y una parte de aquel fondo verde.
-Me parece que se ve bien -titubeó Pablo-. Al menos es un comienzo. Lo haré mejor después de comer.
Pablo había llevado consigo una gran provisión de comida.
-Un elefante no sólo vive del arte -suspiró aliviado.
Así que devoró sus emparedados y, después de comer, se apoderó de él una gran somnolencia, por lo que se recostó en el pasto un momento.
De inmediato se quedó dormido.
Una oveja paseaba por el campo y, al ver el lienzo sobre el caballete en medio de aquel lugar, exclamó: -¿Un cuadro? ¡Qué interesante!.
Pero, mientras lo admiraba, sintió que algo le faltaba.
-Ya sé: ¡es el pasto! Le falta sabor -dijo.
Tomó un pincel y pintó el pasto de un delicioso color verde brillante.
Una ardilla se escabullía por ahí.
Al ver el cuadro, se detuvo.
-¡Una pintura! -gritó, y la miró con curiosidad.
De inmediato se dio cuenta de que algo le hacía falta.
-¡No tiene nueces! ¡No tiene nueces! ¡No veo ninguna! -dijo sorprendida. Entonces, tomó el pincel y le dibujó nueces al árbol.
Un pájaro se acercó volando y revisó el cuadro.
-Si piden mi opinión, no funciona. Ningún pájaro extendería sus alas en un cielo tan desolado como ése. Con su pico tomó el pincel y le dio al cielo un resplandeciente tono azul.
Despúés llegó un jabalí. Le echó un vistazo al lienzo y se paró de pezuñas.
-¡No! ¿Dónde está la arboleda en que vivo? ¿Cómo es posible que el artista la haya olvidado?
Y dio unas pinceladas verde oscuro al horizonte.
Un enjambre de abejas se acercó zumbando.
-¡Bzzz! ¡Bzzz, bzzz! ¡Bzzz! ¿Sin flores? ¡Le falta vida!.
Entre todas tomaron un pincel y cubrieron de flores el campo.
Ahora el cuadro lucía mucho mejor. Y mientras los animales, el pájaro y las abejas admiraban el resultado, un lobo pasó vagando plácidamente por ahí. Observó el lienzo con cautela y no dijo nada.
-Mmm -expresó por fin-. Está muy bien muchachos, pero podría quedar mejor. Colóquense todos frente al roble y no se muevan. No tardaré mucho.
Tomó un pincel y comenzó a pintar.
Una vez que el cuadro estuvo terminado, todos los animales se reunieron para admirarlo. Quedaron sorprendidos del resultado y, uno a uno, lo elogiaron.
-¡Es maravilloso!.
-Espléndido.
-Estoy asombrado.
-Es usted admirable, señor Lobo.
-¡Bzzz, bzzz! ¡Es un genio!.
Después, cada uno se fue a su casa.
Pablo despertó y bostezó.
-¡Qué sueño tan extraño! Y, ¡qué cuadro tan hermoso! ¡Ahora sé exactamente qué hacer!.
Regresó de inmediato adonde estaba su lienzo y comenzó a pintar.
Cuando por fin hubo terminado, Pablo guardó sus cosas y se fue a su casa.
En la inauguración de la muestra de pintura, el cuadro de Pablo fue la sensación y él se convirtió en la estrella del pueblo.
-¡Es maravilloso! ¡Espléndido! Estoy impresionado.
-Pablo: eres brillante.
-¡Eres un genio!.
Para Pablo éste era un sueño hecho realidad.

Sathosi Kitamura, Pablo, el artista, México, Fondo de Cultura Económica, 2009.