lunes, 28 de mayo de 2012

El caso de Fátima

Fátima es una adolescente migrante de 12 años, en realidad es A. pero siempre quiso llamarse Fátima. Es remitida al Centro por conducta agresiva puesto que ha golpeado a compañeros de clase y maestros, su actitud es violenta y conflictiva. Ha sido derivada a un Hogar gubernamental debido a la situación de abuso y violencia que se vivía en su casa. Fátima no tiene permitidas las salidas ni las visitas de su tío, al igual que son siempre supervisadas las visitas que le hace su madre, no mayores a dos horas semanales ya que su relación es conflictiva y siempre trae consecuencias negativas para ella.
La terapia de arte se muestra, así, favorable para ella con el objetivo de trabajar los niveles de confianza y seguridad, reafirmar su auto-imagen, crear un espacio donde comunicarse, crear un ámbito de contención, crear un sistema no verbal de comunicación y expresión de experiencias dolorosas.
Las sesiones con Fátima comenzaron en el Centro y se desarrollaron a lo largo de 16 semanas divididas en sesiones individuales semanales de 45 minutos cada una. Éstas seguían un régimen semi-directivo o no directivo para enfatizar el hecho de que Fátima pudiera afrontar y resolver las distintas situaciones que se le presentaban y comenzara a tomar decisiones.
Fátima trabajó en tres etapas diferentes. En la primera etapa o fase inicial se creó el vínculo terapéutico propiamente dicho. Fue de gran dificultad el hacerlo debido a su desconfianza y actitud agresiva pero al trabajar juntas con crayones sobre una gran hoja de papel su actitud se hizo más receptiva, abierta y colaborativa. Los materiales usados en esta etapa fueron las témperas, las pinturas digitales, los crayones con los que experimentó las texturas y el trabajo con las manos a modo de pincel que liberó su trazo definitivamente.
El vínculo terapéutico se fortaleció con la técnica del collage. Al ir a buscar materiales fuera del setting Fátima me agarró y me sonrió. Una vez en la sala es ella quien eligió los materiales a usar y comenzó la actividad artística sin que se le dijera nada.
Es en la etapa intermedia donde comenzó a representar figurativamente escenas de violencia, pintó una casa -siempre con marco- en colores donde expresaba toda la agresividad. Esbozó a su tío con una figura monstruosa y la imagen de un bebé solo que lloraba. La simbolización de experiencias fue clave, fundamental -junto con la confianza- para permitir la expresión y verbalización de sus sentimientos.
Fátima, con un modelo disfuncional familiar y un modelo femenino y materno bastante diferente y desfavorable respondió muy bien a las sesiones de arteterapia. Sigue actualmente en terapia psicológica pero ya expresa emociones libremente usando su creatividad y no la violencia.