viernes, 4 de mayo de 2012

Frida Kahlo y la práctica pictórica como terapia

Frida Kahlo nace en Coyoacán, México, el 6 de julio de 1907. Con dieciocho años vive un accidente de tráfico a bordo de un tranvía que le fractura la espalda y la deja convaleciente de por vida. Durante la larga convalecencia e impulsada por su padre, comienza a pintar "para combatir el aburrimiento y el dolor". Con la ayuda de un gran espejo pegado al techo de su dosel comenzará a proyectarse en interesantes autorretratos.
A lo largo de su vida, de las numerosas cirugías, cambios de corsets, dolorosos tratamientos que vivió hasta la amputación de su pierna desarrolló un tipo de arte quasi-onírico e intimista que revelaba profundamente sus sentimientos y pulsiones de vida aunque ella, a priori, no lo reconociera conscientemente, su alma se desnunaba en cada una de sus obras. 
Al editor de la Revista Hoy le escribe a propósito de su obra Las dos Fridas: "El hecho de haberme pintado dos veces, juzgo que no es sino la representación de soledad. Es decir, recurrí a mí misma buscando mi propia ayuda. Por esta razón las dos figuras se dan la mano, la diferencia en el estilo de los trajes creo que no tiene mayor importancia que la del color y la forma. El objeto más vivo del cuadro son los corazones que, unidos por anteriores imaginarios, se vuelven uno solo... Creo que el objeto claro de esta pintura es la relación entre mi vida interna y Diego. El deseo de externar con colores y formas lo que no podía con palabras, y también el placer magnífico de pintar por pintar, no importa qué".
En toda su obra plástica subyace la necesidad de canalizar su dolor, de sacarlo de su interior más profundo. Si bien es cierto que podemos encontrar un sinfín de cartas, textos e, incluso, un diario donde espresó sus inquietudes y preocupaciones es; sin embargo, en su pintura donde logra transmitir y mitigar su sentimiento de dolor.
En ella encontramos una necesidad vital de expresar, de plasmarse a sí misma -a su inconsciente- en un proceso terapéutico guiado de forma subconsciente por ella misma. Por esto mismo sus obras conservan aquel estado de ingenuidad donde la forma queda relegada al discurso, siendo en muchos casos, aconsejada en sus composiciones por su esposo Diego Rivera. A propósito de la obra El suicidio de Dorothy Hale pregunta en una de sus cartas: "Así es que puedo pintarla como si se hubiera suicidado con cámara lenta. El problema consiste en lo que voy a pintar alrededor del edificio y de las figuras. El hotel ve hacia el Central Park (tú quizá lo recuerdes pues es precisamente en las nalgas del Barbizan Plaza).
El Central Park fue lo último que ella vio antes de echarse, entonces pensaba yo que en la ventana (única que tendrá el edificio) podría yo pintar las cosas al revés: no pintar lo que estaba dentro de la ventana, sino lo que sus ojos vieron antes de matarse. ¿Qué te parece? Pero ¿qué pinto junto al edificio? ¿Solamente cielo y niebla? ¿O podría yo indicar cosas que ella pensó al morirse? Aquí te digo más o menos cómo pienso hacerlo: La cosa es que yo no sé realmente si la composición resultará muy mierdona, pues no se me ocurre otra cosa más que eso".
De cualquier forma, ella misma encontró una vía de catarsis y encuentro con sus sentimientos y eso nos dejó la obra que es testigo mismo de todo el proceso.