sábado, 5 de mayo de 2012

La danza como escultura viviente y transformadora

Un bailarín a solas en medio del escenario, creando a cada instante, con cada movimiento un cúmulo de formas que se suceden en el tiempo y el espacio, en cada una de ellas se destruye para volver a nacer, se repite y se sublima en sí mismo. A cada segundo muere y renace la obra de arte. El escenario se convierte, pues, en lienzo mismo de una obra que sólo dura unos instantes, que es fugaz.
Daniel Franke y Cedric Kiefer hacen esta propuesta visual, sin duda, muy interesante para cualquier espectador. La escultura sonora o "Unnamed Soundsculpture" viene acompañada de la música de Machinefabriek, espectacular para deleitarnos este sábado.
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