martes, 12 de junio de 2012

Sobre ruedas

Creo que para que se pudiese entender esta entrada debería comenzar haciendo una confesión: no sé montar en bicicleta y sí, lo sé, quizás soy la única en todo el planeta que no sabe pero la realidad es que nunca aprendí, es más, nunca tuve una bicicleta y no, nunca se lo conté a nadie... la ironía del caso es que fui yo quien enseñó a mi hija a montar en ella, a que le perdiese el temor, a que disfrutase de dar paseos en ella, a que superara el miedo de caerse y hacerle ver que las caídas siempre pueden suceder y que lo importante es sanar heridas y levantarse para seguir montando en la bicicleta, para seguir disfrutando del camino.
He decidido que voy a enfrentar esta situación y que voy a aprender a montar en bici, quizás me vea rara o me sienta ridícula haciéndolo las primeras veces pero sé que en cuanto aprenda lo voy a disfrutar, seré capaz de enfrentar mis miedos y los límites que alguna vez me puse para pensar que nunca es tarde en aprender algo nuevo y más cuando es algo que puedo disfrutar con mi hija, quién sabe, quizás sea una de las pocas personas que pueda decir que fue su hija quien le enseñó a montar en bicicleta...
Besitos

martes, 5 de junio de 2012

Lluvia...


¿Por qué sigo haciendo eso?

Antes o después nos hacemos conscientes de un cierto patrón que repetimos en nuestras vidas diarias, sabemos que sin eso probablemente nuestros resultados serían más satisfactorios pero la mayoría de las veces volvemos a actuar de la misma forma, impulsivamente. La respuesta a la cuestión de por qué las personas siguen repitiendo comportamientos, relaciones autodestructivas o sentimientos que sólo los aboca a situaciones dolorosas y dañinas son múltiples sin lugar a dudas: baja autoestima, adicciones, conformismo, situaciones no superadas en la edad temprana, estrategias fallidas o masoquismo, entre otras, podrían ser la causa fáctica de lo anterior. Este comportamiento, nombrado por S. Freud como repetición compulsiva, tiene una razón de ser y por eso el individuo es incapaz de ponerle término, sólo cuando atraviesan una crisis derivada buscan ayuda psicológica y logran controlar el impulso.
Freud explica el origen de este desorden como la represión de un impulso que el individuo cree a priori como inaceptable. El deseo de hacerlo es reprimido, la voluntad también mas sigue existiendo en el interior creando un verdadero conflicto entre lo que se desea hacer y lo que se debe hacer. El deseo que lucha por manifestarse puede llegar a hacerlo envuelto en otra acción que siempre supone un síntoma. Algunas de las repeticiones compulsivas más comunes suelen ser: el ansia de complacer a los demás, las dudas de sí mismos, el sexo, comer en exceso, el alcoholismo, la procrastinación, el pesimismo, el desorden, la ira, las relaciones abusivas o el tabaquismo, entre otras. En cualquiera de los casos el psicoanalista debe implementar una terapia que refuerce la individualidad y potencie situaciones que estimulen la autoestima. A veces la terapia de grupo ayuda a entender mejor los patrones de comportamiento y a sentir un apoyo externo de iguales, los seminarios de crecimiento personal, el ejercicio pero sobre todo la disciplina y el esfuerzo personal logran hacer una diferencia, marcar un cambio en la vida de la persona, siempre positivo.