sábado, 7 de julio de 2012

El mal de amor

A todos nos ha pasado y no sabemos exactamente si nos volverá a suceder o no, si nos tendremos que enfrentar nuevamente a lo que llaman comúnmente "el mal de amor". 
Cuando una relación fracasa, a veces, incluso antes de comenzar de forma estable nos está remitiendo a un episodio que debemos sanar individualmente. En la pérdida del amor -en el que habíamos depositado todas nuestras esperanzas y expectativas, en el que habíamos canalizado todo un proyecto de salvación-, también perdemos algo de nosotros que no acabamos de arreglar. El mal de amor debe ser tratado personalmente, desafortunadamente los consejos o las palabras no sirven de mucho cuando el corazón está hecho añicos. La persona en ese momento no lo creerá pero se engaña a sí misma en ese padecimiento, no sufre realmente por la persona con quien compartió la intimidad de su ser, sufre por un episodio que ocurrido en su infancia se proyecta una y otra vez en las relaciones sentimentales que comienza. Sentirse abandonada por alguien en quien había depositado todo lo suyo no es más que la rememoración del abandono o la pérdida del amor de papá o mamá en un determinado episodio infantil. El niño, que no ha terminado de auto-reconocerse en su plena individualidad se siente parte de sus padres, máxime de su madre, si en este período el niño no es satisfecho plenamente en sus carencias amorosas entonces proyectará y probará este mismo cariño dependiente en el futuro. En realidad quien sufre no es el adulto sino el niño interior y es a él a quien se debe enfocar directamente nuestro potencial avance, tratando de convencerse de manera consciente de la situación.
Les compartiré una experiencia personal, mi hermana y yo fuimos abandonadas por nuestro padre cuando teníamos 6 años, en ese momento fue cuando mis padres se divorciaron... me recuerdo a mí misma sentada en las piernas de mi padre sin entender bien qué pasaba, él me decía que tenía que hacer un viaje y se ausentaría por unas semanas quizás un par de meses pero que con total seguridad volvería, no importa lo que sucediese, él volvería. La realidad es que nunca lo volví a ver, a excepción de la noche de su muerte a finales de 2002, catorce años más tarde. Esta experiencia marcó toda mi vida amorosa, pero toda por completo, que aunque no ha sido grande sí me ha dado a entender el por qué ha sucedido de esa manera. Quizás en mis ganas de buscar al padre que me abandonó sin que me abandone de nuevo, en el drama de vivir el engaño, la infidelidad, el maltrato psicológico que de alguna forma se ha dado... lo he revivido de nuevo y me ha hecho más reacia, más cerrada, más desconfiada incluso cuando no tuve que serlo... aún hoy me arrepiento.
Mucha luz mis niñas, aprendan a reflexionar en torno a su vida personal, aprendan a sanarse desde el corazón y dense la oportunidad de comenzar de nuevo, de reconstruir y romper las cadenas que nos dicen que el pasado se repite, conscientemente rómpanlas y sigan adelante con una vida más plena, libre, más feliz.
Besos