jueves, 9 de agosto de 2012

Del perdón y la reconciliación

Me ha llamado mucho la atención las anotaciones que me hicieron a través del correo electrónico hacia los episodios del pasado. Cualquier situación que haya quedado atrás -para bien o para mal- ya fue en tiempo pretérito, no tenemos ningún tipo de poder de decisión o cambio sobre ella. A todos nos ha sucedido que hemos vivido algunas situaciones que quisiéramos cambiar, regresar a ellas para hacerlo mejor, vivirlo de otra manera pero no se puede, no es un sentimiento real lo que atesoramos y debemos de dejar de pensar en una fantasía recreada con el paso del tiempo, esas impresiones hechas en otro momento son el reflejo del análisis del consciente que ha madurado, obviamente si con la misma madurez hubiéramos afrontado dicha situación hubiera sido, se hubiera vivido de otra manera, pero no fue así. ¿Qué podemos hacer, pues, para reconciliarnos con nuestro pasado o con ciertas situaciones que seguimos llevando con nosotros, que no hemos concluido?. Creo firmemente que en estos casos se tiene que dar la reconciliación, primero como un ejercicio con uno mismo y después con los demás, reconciliarse así con las personas del pasado y con las distintas situaciones que se derivaron.
El lunes pasado yo quise ser parte de ese proceso maravilloso de la reconciliación y le escribí a una persona a la cual creo hice daño en el pasado, quizás la palabra adecuada no sea exactamente ''daño''. Yo atravesaba un período muy malo, con una curva de depresión preocupante y me engañaba a mí misma con un espejismo de lo que yo quería proyectar como felicidad mas era sólo eso: una proyección, no era mi realidad en aquel momento. Yo no me abrí, no confié, no me di la oportunidad y esa persona creyó que yo lo había engañado, que yo le escondía partes importantes de mi vida que en ese momento me daba terror contar, compartir, así de baja estaba mi autoestima. Creo que fue de las peores experiencias de mi vida y siempre llevé conmigo ese sentimiento de desdicha, de haber proyectado algo que yo no era en una persona que sí merecía la pena, que sí había hecho el esfuerzo por mí. En ese momento no pude verlo, en verdad fue un período muy malo, lo descubrí hasta después que comencé a trabajar en las sesiones del perdón y la reconciliación. El lunes pasado, después de tanto tiempo, me decidí a no darle más vueltas, a escribir disculpándome y a través de ese acto reconciliarme y perdonarme a mí misma... no sé si haya leido el correo o qué piense sobre eso puesto que aún no me ha respondido.
Les invito a descubrir cuáles son esos episodios que de modo personal han cargado sobre la espalda a través de los años y descubrir igualmente qué acto podrían llevar a cabo para liberar esa carga para continuar el camino más ligero, para irnos sanando, poco a poco, a nosotros mismos.
Les mando muchas estrellas en esta noche de luna en la Ciudad de México.